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El jefe de Defensa de Japón visita un campo de entrenamiento en la prefectura de Chiba.
El jefe de Defensa de Japón visita un campo de entrenamiento en la prefectura de Chiba.KIODO NEWS
Lucas de la CalEnviado especial Tokio
Actualizado

Sentado en una cafetería del animado barrio tokiota de Shinjuku, entre el murmullo de los oficinistas y el tintinear de las tazas, Wataru hojea el periódico del día. La portada está dominada por las elecciones queJapóncelebra este domingo, pero su atención se detiene en un artículo de las páginas interiores: el Gobierno estudia que las Fuerzas de Autodefensa recuperen los rangos militares que utilizaba el ejército imperial durante laSegunda Guerra Mundial.

"Durante décadas se ha evitado cualquier símbolo que recordara al pasado. Pero muchos añoramos aquel Japón fuerte y temido; un país que no se disculpaba por existir ni dependía del paraguas militar de nadie", dice Wataru, un ex coronel ya retirado. La derrota de 1945, añade, supuso"una humillación moral que nunca se ha superado del todo".

Para Wataru, las Fuerzas de Autodefensa, creadas en la posguerra para encajar en la Constitución pacifista -que renuncia a la guerra y prohíbe mantener fuerzas armadas con fines ofensivos-, le parecen "una versión domesticada del orgullo nacional perdido". Y sentencia: "Un país que no se atreve a presumir de ejército renuncia a parte de su soberanía".

Wataru forma parte de Rikushu Kaikosha, una asociación de militares retirados que ocupa la quinta planta de un edificio anodino en Shinjuku. Esta organización fue disuelta tras la gran guerra, durante la purga de las instituciones militares. Pero resurgió años después, al amparo de un clima político cada vez más receptivo al nacionalismo. Entre sus miembros han figurado oficiales vinculados al antiguo ejército imperial, incluso algunoacusado de crímenes atroces, lo que ha llevado a sus críticos a describir a este grupo como un refugio del revisionismo histórico.

La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi.
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi.Kazuhiro NogiAP

Wataru y los suyos son conscientes de que ahora hay un terreno fértil para ideas que antes se decían en voz baja. El aumento del gasto en defensa, la retórica sobre las amenazas regionales y la revisión del papel de las Fuerzas de Autodefensa da pie a ello. En las reuniones de Rikushu Kaikosha, hay un nombre que aparece con frecuencia:Sanae Takaichi, actual primera ministra, primera mujer en ocupar el cargo, y la gran favorita en las elecciones.

"La admiramos porque defiende en público que Japón necesita un ejército fuerte, sin complejos, y una Constitución que deje de tratar la defensa nacional como una anomalía", dice Yudai, otro oficial retirado. Ayu, ex piloto de combate, va más allá:"Takaichi es la única capaz de devolverle la grandeza a Japón", asegura.

Wataru, Yudai y Ayu votarán hoy por el Partido Liberal Democrático (PLD) de Takaichi, la formación conservadora que ha gobernado Japón casi ininterrumpidamente desde la posguerra. La líder, que llegó al poder el pasado otoño, convocó elecciones anticipadas para intentar consolidar su control del poder, y las últimas encuestas de opinión sugieren que podría lograrlo.

El año pasado, la coalición liderada por el PLD perdió la mayoría en ambas cámaras parlamentarias. Su antiguo socio de coalición se separó tras la elección de Takaichi, formando una alianza con el principal partido de la oposición. En este contexto, un nuevo partido de extrema derecha, el Sanseito, irrumpió y amenazó con fragmentar la base más conservadora del PLD, la que representa precisamente Takaichi.

Pero la primera ministra juega una carta ganadora:sus históricos índices de popularidad. Los analistas destacan su estilo directo, heredero del tono combativo de su mentor, el ex primer ministroShinzo Abe, y su capacidad para conectar con un electorado cansado de la política gris. Su discurso combina promesas de reactivación económica con un mensaje firme en defensa del aumento del gasto militar, el control de la inmigración, una política exterior más dura hacia China y estrechar la tradicional alianza con Estados Unidos.

Un mensaje que cala entre muchos jóvenes. "Voy a votar a Takaichi porqueno quiero que Japón dependa siempre de otros países para defenderse. Estados Unidos no va a estar ahí para siempre, y fingir que sí es engañarnos", comenta Kichi, una programadora veinteañera que ha entrado en un 7-Eleven del barrio de Akasaka para comprar algo de comer. Para su generación, dice, el recuerdo de la guerra pesa menos que la incertidumbre del presente. "Mis abuelos crecieron con miedo a la guerra, lo entiendo. Pero hoy vivimos en otro mundo: Corea del Norte, China, Rusia... no puedes responder a eso solo con palabras", asegura.

En la tienda hay otro joven, Matsu, que interviene en la conversación: "Un país normal debe tener un ejército normal. No es agresividad, es independencia", señala. "Yo también votaré a Takaichi porque es la única que va a luchar para queJapón recupere el derecho a defenderse por sí mismo. Dependemos demasiado de EEUU. Eso no es una alianza entre iguales, es una dependencia cómoda. Si mañana cambian las prioridades, y conDonald Trump nunca se sabe, nosotros quedamos expuestos a un ataque de China o de Corea del Norte", sentencia.

Japón arrastra este debate desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Durante la ocupación estadounidense (1945-1952), Washington impulsó una Constitución que eliminó el ejército y consagró el pacifismo. Pero el estallido de la Guerra de Corea cambió las prioridades: EEUU pasó a ver a Japón como aliado y permitió la creación de las actuales Fuerzas de Autodefensa.

Desde entonces, Tokio ha ampliado gradualmente el margen de actuación de sus tropas. En 2015, bajo el Gobierno de Abe, se aprobó una reinterpretación constitucional que permitió el ejercicio de la "legítima defensa colectiva". En 2022, el Ejecutivo deFumio Kishida dio otro paso al aprobar un plan para elevar el gasto militar hasta el 2% del PIB y adquirir capacidades de contraataque con misiles de largo alcance.

Takaichi parece que pretende ir más lejos. El año pasado provocó una crisis diplomática con Pekín al sugerir que un ataque chino contra Taiwan podría desencadenar una intervención militar japonesa. China respondió con presiones económicas, y la tensión entre ambos países volvió a escalar.

En paralelo a la trifulca con China, el Gobierno deTakaichi aprobó un presupuesto de defensa récord, por encima de los nueve billones de yenes (alrededor de 50.000 millones de euros) para este 2026, un 9,4% superior al presupuesto anterior, que finaliza en abril. El plan presupuestario se centra en fortalecer la capacidad de contraataque y las defensas costeras con misiles tierra-buque y aviones no tripulados. Además de los famosos misiles estadounidenses Tomahawks, Japón desplegará misiles de largo alcance de fabricación nacional en Kyushu, la isla más meridional de las cuatro principales del país.

Según una encuesta realizada por el Gobierno japonés en noviembre y diciembre de 2025,el 45,2% de los encuestados apoya el fortalecimiento de las Fuerzas de Autodefensa. Un porcentaje muy alto si se tiene en cuenta que, en la primera encuesta de este tipo realizada en 1991, tan solo el 9% de los japoneses estaban a favor del rearme.

"Japón no está volviéndose militarista en el sentido clásico, pero síestá dejando atrás el pacifismo estricto que definió la posguerra. Es un cambio histórico, aunque gradual", opina el profesor Hiroshi Tanaka, politólogo especializado en seguridad en la Universidad de Tokio. "El aumento del gasto militar no se entiende sin el contexto: China, Corea del Norte y la guerra en Ucrania han cambiado la percepción del riesgo. Muchos japoneses ya no creen que la geografía o la Constitución basten para garantizar la seguridad", afirma Keiko Matsuda, investigadora en comunicación política del Japón Institute for International Affairs, un think tank con sede en Tokio.

Estos últimos años, Japón ha aumentado sus inversiones militares sobre todo en un conjunto de islas, las Ryukyu, que se extienden hacia el suroeste, con la isla de Yonaguni situada apenas a 112 kilómetros de Taiwan. Tokio ha instalado aquí nuevas bases militares y sistemas de misiles, consciente de que cualquier conflicto que pueda estallar entre Pekín y Taipei bloquearía una de las rutas marítimas más transitadas, interrumpiendo un comercio esencial del que depende Japón.

La isla más grande de Ryukyu es Okinawa, que concentra la mayor parte de las bases estadounidenses en el país y donde las autoridades japonesas desplegaron hace un par de años un regimiento con misiles antibuque.Okinawa también ha sido el epicentro de varias polémicas en torno a numerosos casos de violaciones de mujeres locales por parte de soldados estadounidenses. El viernes, frente al Parlamento de Tokio, un grupo de ancianos de Okinawa protestaban por el militarismo del actual Gobierno y la permanencia de tropas estadounidenses en la isla. "Un verdadero líder de Japón debería expulsar a los soldados estadounidenses", decía a este periódico una de las señoras que se manifestaba.

A menos de 200 kilómetros de Okinawa se encuentran las islas Senjaku, donde los japoneses también mantienen su propia disputa territorial con China. Aunque están controladas por Tokio, desde Pekín envían habitualmente barcos de la guardia costera a las aguas que las rodean para hacer valer su reclamación.

Los medios japoneses apuntan estos días que, si Takaichi arrasa en las urnas, la tradicional posición sobre seguridad nuclear podría ser el próximo tabú en caer. Desde los bombardeos atómicos deHiroshima y Nagasaki, Japón se ha mostrado reacio al uso militar de la energía nuclear; la ley limita su utilización a "fines pacíficos". Pero tras un reciente acuerdo de Corea del Sur con EEUU para adquirir submarinos de propulsión nuclear, los funcionarios nipones también han expresado su interés en dichos submarinos.

A media mañana, en Shinjuku, el ex coronel Wataru deja el periódico sobre la mesa y mira por una ventana el flujo incesante de gente. Japón ya no es el país devastado de 1945 ni la potencia económica invencible de los años 80. Pero cada vez hay mas voces que defienden que esta gran democracia asiática debería ocupar un lugar de poder en el nuevo escenario mundial.


6Comentarios

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Tito_Andronico

Yo soy mas de Shizuka y Novita Nobi.

Volver a la noticiaTakaichi trata de consolidar su poder en un Japón que deja atrás el pacifismo