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Segunda parte
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El Auditorio Municipal de Oakland (California, EE. UU.) en uso como hospital temporal. La fotografía muestra enfermeras voluntarias de la Cruz Roja Americana atiendiendo a personas que padecen influenza durante la pandemia de 1918. Fuente: Edward A. "Doc" Rogers. From the Joseph R. Knowland collection at the Oakland History Room, Oakland Public Library.Commons Wikimedia
Impacto global
Se estima que la gripe de 1918 mató a unos 50 millones de personas, el 3-6 % de la población mundial, lo cual sitúa la mortalidad de la enfermedad en un rango del 10-20 % (Bull Hist Med. 2002;76(1):105-15). Es decir, la gripe causó unas 3-5 veces lasmuertes atribuidas a toda la Primera Guerra Mundial (PGM).
Se cree que las víctimas reales pudieron ser muchas más que las recogidas en las cifras oficiales de los registros de entonces, ya que la mayoría de los gobiernos, afectados o no por la PGM, usaron con generosidad su capacidad de censura para limitar la difusión de información (Public Health Rep. 2010;125(Suppl 3):134-44).
En los países del suroeste de Europa, el exceso de mortalidad atribuida a la gripe se situó entre el 10,6 y 12,1/1000, siendo en Madrid del 5,27/1000 y en París del 6,08/1000 (Influenza Other Respir Viruses. 2010;4:81-9).
Como es fácil imaginar, las personas y poblaciones más pobres sufrieron de forma especial las consecuencias de la gripe de 1918, pero lospersonajes ilustres de la época no se libraron: gobernantes nacionales como el propiorey Alfonso XIII, artistas comoEdvard Munch (que incluso lo plasmó en suautoretrato) y otros muchos en todos los ámbitos sociales. Algunos no sobrevivieron a la enfermedad, comoGustav Klimt.
Self-Portrait with the Spanish Flu, 1919. Edvard Munch, National Musseum NasjonalMuseet
En España, se le llamó al principio “la fiebre de los tres días”, atendiendo a la creencia, como en otros países, de que la gripe era una enfermedad leve. Las primeras noticias sobre la gripe, llamando la atención sobre que algo distinto estaba ocurriendo, aparecieron en la prensa a finales de mayo. Por ej. en eldiario ABC el 22 de mayo mediante una escueta nota en la página 24: “Los médicos han comprobado, en Madrid, la existencia de una epidemia de índole gripal, muy propagada, pero, por fortuna, de carácter leve”. Como se ve, no imaginaban lo que vendría después.
Se estima que en nuestro país causó más de 200·000 fallecimientos, alrededor del 1 % de la población de entonces. Los registros oficiales hablan de casi 187·000 víctimas, aunque estimaciones posteriores sitúan las víctimas en muchas más (Clin Infect Dis. 2008;47(5):668-73).
La esperanza de vida al nacer en 1910, en España, era de 41 años, pero en 1920, solo un año después de acabar la epidemia gripal, había caido a 40 (BMC Infect Dis.2014;14:371).
Son innumerables los testimonios que los medios de comunicación de entonces dejaron sobre el paso de la epidemia gripal por la geografía española, como por ejemplo:
También aquí, como el otros países, la epidemia gripal afectó particularmente a adolescentes y adultos jóvenes: los grupos de edad más afectados fueron los de 25-34 años, seguido de los de 15-24 años (datos de Madrid:Influenza Other Respir Viruses. 2010;4(2):81-9). Se ha aventurado la explicación de que las personas de mayor edad pudieron haber tenido contactos con virus gripales similares varias décadas antes, de tal modo que mantendrían aún parte de la protección inmunológica proporcionada por los mismos.

Nótese la incidencia según edad en W en 1918, a diferencia de la incidencia en U característica de la gripe estacional en las demás temporadas. Fuente: Taubenberger JK, Morens DM. 1918 Influenza: the Mother of All Pandemics.Emerg Infect Dis. 2006;12(1):15-22.
El estudio al detalle de los patrones de mortalidad en las distintas provincias españolas (mortalidad general y por enfermedad respiratoria entre 1915 y 1919) muestra gran heterogeneidad geográfica (mayor incidencia y mortalidad en Madrid y en el norte de la penísula, menor incidencia en Canarias), una evolución en tres grandes ondas epidémicas entre enero de 1918 y junio de 1919, y con un pico de mortalidad en los meses de octubre y noviembre de 1918. También exponen que los factores que explican la variabilidad en la incidencia fueron, probablemente, la latitud, la densidad de población y la proporción de niños en la misma, además de otros condicionantes sociales, entre ellos los relacionados con la pobreza (BMC Infect Dis.2014;14:371).
Se ha sugerido que el virus de la gripe de 1918 era una cepa hipervirulenta. Sin embargo, algunos estudios estiman que la mayoría de las muertes se produjeron por (o con) sobreinfección bacteriana (Emerg Infect Dis. 2008;14(8):1193-9); esta hipótesis de infección secuencial concuerda con lo conocido hoy respecto a la interacción de los virus gripales, y otros, con las bacterias que causan infección respiratoria. Según un estudio sobre materiales procedentes de necropsias de víctimas fallecidas en 1918, el neumococo (Streptococcus pneumoniae) estaba probablemente implicado en aproximadamente un 25 % de las muertes (J Infect Dis. 2008;198(7):962-70).
Virulencia incrementada del virus, coinfección bacteriana y otros factores. Sin duda, las condiciones de la atención a los enfermos (hacinamiento de muchos enfermos en grandes espacios cerrados sin medidas de aislamiento al principio), la malnutrición y la pobreza condicionaron los resultados. En la época se usaba con profusión la aspirina a dosis elevadas, como remedio para numerosos males, lo cual también pudo contribuir a la elevada mortalidad.
Ignacio López Goñi. La gripe de 1918.MicroBIO, 15 de febrero de 2018.
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