LaTorre de la Parada fue un pabellón decaza que se ubicaba a las afueras deMadrid, en elMonte de El Pardo (Parque regional de la cuenca alta del Manzanares), no lejos delPalacio de El Pardo. Hacia 1635-1640 fue uno de los principales proyectos arquitectónicos y decorativos del reyFelipe IV, gran aficionado a la caza, que deseaba un caserón de descanso en la zona para las largas jornadas cinegéticas.
El palacete (un edificio de dos pisos de planta rectangular, rematado por torres de finoschapiteles en sus extremos, muy del gusto de losAustrias), fue el resultado de la ampliación y transformación, llevada a cabo en 1636 por el arquitectoJuan Gómez de Mora, por iniciativa del propioFelipe IV,[1] de una pequeña fortaleza con cuatro torres de esquina edificada por encargo del entonces príncipe, futuroFelipe II,[2] al arquitectoLuis de Vega durante los años 1547-49.
Su finalidad última fue la de servir de descanso al monarca durante las largas jornadas cinegéticas a las que fue tan aficionado. El edificio, en forma de torre con pequeños añadidos, se cubría con tejados de pizarra y un elaborado chapitel y se rodeaba de un muro perimetral como una fortaleza.[3]
La torre fue atacada en 1710 por las tropasaustríacas durante laGuerra de Sucesión Española.[4] En 1806 un rayo cayó sobre su tejado y provocó que se arruinase el edificio.[5] Actualmente sólo permanecen las ruinas.
Tras la reforma operada por Gómez de Mora, siguiendo órdenes de Felipe IV, el edificio principal contaba con dos amplios pisos (correspondientes al núcleo central y la ampliación en forma deguardainfante) y dos pisos más pequeños (correspondientes a la torre propiamente dicha). El piso bajo contaba con zaguán, oratorio, cuatro piezas, caballerizas, cocinas y zona de servicio. Además en el núcleo central del mismo (correspondiente a la torre) se disponía la escalera y dos estancias sin ventanas. En el núcleo central del piso primero se disponía un distribuidor, una pieza de cubierto (donde el rey comía) y otra pieza, todas ellas sin luces al exterior. Alrededor se disponían ocho piezas (que comprendían la galería del rey al oeste y la alcoba en el lado este), además de un excusado y otro oratorio.
Conocemos su contenido a través del Inventario realizado con motivo de la testamentaría de Carlos II a comienzos del siglo XVIII.[7] El principal atractivo del edificio radicó en la extensa serie de pinturas mitológicas, siguiendo el relato deOvidio, encargada aRubens en 1636. El ciclo constaba de sesenta y tres lienzos de gran formato y fue realizado por diversos pintores enAmberes conforme a pequeños bocetos al óleo aportados por Rubens (actualmente dispersos en varios países). El maestro se reservó la ejecución de catorce pinturas, y las restantes se deben a algunos de los colaboradores habituales del maestro flamenco:Jacob Jordaens,Theodoor van Thulden,Erasmus Quellinus II,Jan Cossiers,Peeter Symons y otros. Si bien todas ellas siguen la estética del maestro, son desiguales en calidad, y por evitar equívocos Rubens permitió que fuesen firmadas por sus autores finales.
Una serie de paisajes dedicada a vistas de losSitios Reales se encargó a los españolesFélix Castelo yJusepe Leonardo. Por su parte,Velázquez aportó los tres retratos con atuendo de cazador, deFelipe IV, su hermano elel infante don Fernando y el príncipe heredero,Baltasar Carlos, los cuadros de losfilósofosEsopo yMenipo y el del diosMarte, con algunos de sus retratos de bufones.
Esta decoración pictórica representaba lasimágenes de poder apropiadas para la época y para lacorte de España. Recuperando el precedente establecido por Felipe II, Felipe IV se centró fundamentalmente en la Torre de la Parada (cuando se hizo su inventario en el año 1700, se contó hasta 176 obras pictóricas) y en elPalacio del Buen Retiro de Madrid. La mayor parte de las pinturas que subsisten se guardan en elMuseo del Prado, si bien no se exhiben todas por problemas de espacio. En 2018 se agruparon las más importantes en una sala del ático norte del museo, reabierto tras varios años de reforma.
En 2024 se inauguró una exposición virtual en elMuseo de Belas Artes de Coruña que ha permitido su reconstrucción arquitectónica y musealización virtuales.[8]