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Revolución liberal de Oporto

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Manuel Fernandes Tomás, líder deo Sinédrio, el grupo impulsor de la Revolución de Oporto que desencadenó el fin de lamonarquía absoluta en Portugal.

LaRevolución liberal de Oporto, que comenzó el 24 de agosto de 1820 enOporto, inició el movimientoliberal que se extendió por todo elReino de Portugal y que puso fin a lamonarquía absoluta. Se convocaronCortes constituyentes que aprobaron laConstitución portuguesa de 1822, inspirada en la españolaConstitución de Cádiz. En ese contexto se produjo laindependencia de Brasil.

Historia

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Laburguesía mercantil deOporto se quejaba de los efectos de las invasiones napoleónicas, el dominio británico y la apertura de los puertosbrasileños al comercio mundial. También de que la corte realse hubiera trasladado a Brasil desde 1808 con motivo de la invasión francesa de noviembre de ese año pero no retornara a Portugal pese a que los franceses habían sido expulsados en 1814. Esta situación causaba que lametrópoli portuguesa quedara efectivamente relegada a la condición de territorio subordinado a Brasil, en tanto la sede del gobierno y laadministración estaba enRío de Janeiro y desde allí el reyJuan VI dirigía todo elimperio colonial portugués. También eran motivo de indignación las concesiones comerciales hechas por Juan VI aGran Bretaña que destruían elmonopolio comercial de los portugueses y empobrecían al país acostumbrado a percibir las rentas de la explotación de lascolonias sin competencia alguna. El control oficial de los británicos sobre elejército portugués, situación instaurada desde el fin de laGuerra Peninsular, era otra causa del malestar entre la población.

Como ha señaladoJosé Hermano Saraiva, «la situación portuguesa, en 1820, era de crisis en todos los niveles de la vida nacional: crisis política causada porla ausencia del rey y de los órganos de gobierno que se encontraban en Brasil; crisis ideológica, nacida de la progresiva difusión, en las ciudades, de las ideas políticas que consideraban a lamonarquía absoluta como un régimen opresivo y obsoleto; crisis económica, resultante de la emancipación económica de Brasil; crisis militar, originada por la presencia de los oficiales ingleses en los altos puestos del ejército y por la animadversión de los oficiales portugueses, que se veían relegados en las promociones». Así se reconocía en un informe fechado el 2 de junio enviado desde Lisboa al reyJoão VI, que desde 1808 tenía su corte enRío de Janeiro:[1]

Portugal ha llegado a una crisis en la que, o ha de sufrir la revolución de las fortunas, del orden, la anarquía, y otros males que trae consigo la aniquilación del crédito público, o, sin la menor pérdida de tiempo ha de cuidarse de aumentar la renta sin nuevos impuestos que las presentes circunstancias no admiten, y en disminuir los gastos, cortando no sólo los superfluos, sino incluso los necesarios. [...]
Dígnese Vuestra Majestad tomar en consideración quePortugal es un reino de pequeña extensión y escasamente poblado; que su agricultura está poco adelantada por los inmensos gravámenes que pesan sobre los labradores; que el ramo más útil de la misma agricultura, que es el vino, se halla en decadencia por la apertura de los puertos de Brasil a los vinos de todas las naciones; que nuestra industria se paralizó considerablemente con la libre entrada en Portugal y en Brasil de la mano de obra inglesa, con cuyos precios no puede competir; que el comercio decayó extraordinariamente no sólo por la mencionada apertura de los puertos de Brasil, que privó a Portugal del comercio exclusivo con aquel reino, sino por la competencia de todas las naciones marítimas, siendo muy de temer que, si las cosas siguen así, desaparezca de los mares la bandera portuguesa en breve plazo; que a Brasil se va anualmente una porción muy considerable de las rentas de este reino, bastando la importancia de las rentas de los bienes patrimoniales y de la corona y órdenes para formar una abultada suma, que aquí en la circulación interior hace falta y nos va empobreciendo continuamente.

Este es el contexto en que se produjo la revolución portuguesa de 1820, espoleada además por la revolución española. La iniciativa la tomó un pequeño grupo de burgueses deOporto que desde 1818 se reunían en una tertulia que era conocida comoo Sinédrio (el Sanedrín) y cuyo líder eraManuel Fernandes Tomás. Este en cuanto conoció la noticia del triunfo de laRevolución en la vecina España, con cuyosliberaleso Sinédrio mantenía contactos, hizo un llamamiento para seguir su ejemplo. Uno de los miembros delSinédrio describió así el discurso que pronunció Fernandes Tomás:[2]

Presidía él, y con su voz fuertemente acentuada pintó el estado del país, sin rey que lo gobernase, un general extranjero señor del ejército, extranjeros gobernando también las provincias, nuestra dependencia de Brasil, en fin, la revolución de España, que acaba de terminar felizmente con el juramento deFernando VII a laConstitución de Cádiz. ¿Nos quedaremos así? ¿Debemos continuar en esta ignomia?, repitió muchas veces con fuerza.
Sesión de las Cortes de Lisboa de 1822.

Los miembros delSinédrio consiguieron con bastante facilidad la adhesión de numerosos militares de las guarniciones del norte y el 24 de agosto un regimiento de artillería se sublevó. Uno de sus coroneles leyó la siguiente proclamación: «Vamos con nuestros hermanos de armas a organizar un gobierno provisional que convoque a las Cortes para hacer una Constitución, cuya falta es el origen de todos nuestros males».[3]​ Tres semanas después, el 15 de septiembre, la guarnición de Lisboa se sumaba al movimiento, lo que selló el triunfo de la revolución, que no encontró resistencia alguna y despertó un gran entusiasmo. En un folleto impreso aquellos días se decía que se estaban viviendo «días llenos de sucesos tan gloriosos para la nación portuguesa que su narración será difícil de creer en épocas futuras… Días que nos abren la vida de un porvenir radiante, cual viene a ser el que nos prometen las sabias leyes».[4]​ La revolución también se extendió a Brasil donde estallaron revueltas liberales enPará, enBahía y en la capitalRío de Janeiro (donde se sublevó la guarnición portuguesa).[5]

En Lisboa se formó el 28 de septiembre unaJunta Provisional do Supremo Governo do Reino que sustituyó aLord Beresford, que ejercíade facto la regencia de Portugal, y convocóCortes constituyentes. Las elecciones se realizaron porsufragio indirecto en tres grados, que era la fórmula establecida por laConstitución española de 1812. Todos los diputados que resultaron elegidos fueron liberales, con predominio de su sector más radical. Recibieron el nombre devintistas, un neologismo inspirado en el español «doceañista». LaConstitución que finalmente aprobaron en septiembre de 1822 estaba directamente inspirada en la españolaConstitución de Cádiz. Como esta, se basaba en la idea de lasoberanía nacional y la limitación del poder del rey y las Cortes estaban constituidas por una sola Cámara de mandato bianual (aunque eran elegidas porsufragio universal directo, excluidos analfabetos, mujeres y frailes, y no por sufragio indirecto en tres grados como en la Constitución de Cádiz).[6]

Las Cortes constituyentes reclamaron la vuelta del rey a Portugal y este acató la orden, tras prometer el 24 de febrero de 1821 que aceptaría la Constitución que las Cortes aprobasen, fuese cual fuese. Dejó como regente de Brasil al príncipe herederodon Pedro pero cuando llegó a Lisboa las Cortes no le reconocieron la autoridad para designar regentes y ordenaron el regreso de don Pedro a Portugal. La respuesta de este fue proclamar laindependencia de Brasil (Grito de Ipiranga del 7 de septiembre de 1822) y constituir elImperio de Brasil del que él sería su primer emperador.[7]​ Entonces el gobierno de Lisboa, contando con la aprobación de las Cortes, organizó una expedición militar a Brasil. En realidad, durante la que sería conocida comoGuerra de Independencia de Brasil (1822-1824) solo hubo combates de entidad enBahía, que temporalmente había quedado bajo dominio de tropas portuguesas.[8]​ Portugal acabará reconociendo alImperio del Brasil el 29 de agosto de 1825.

Las Cortes Portuguesas constitucionalistas de 1820 funcionaron hasta que fueron disueltas por la reacción absolutista delpríncipe Miguel de Braganza, hijo del rey Juan VI, que en 1823 las disolvió por ungolpe de Estado que reimplantó lamonarquía absoluta.

Véase también

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Referencias

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  1. Saraiva, 1989, p. 326-327.
  2. Saraiva, 1989, p. 327-328. ”El discurso [de Fernandes Tomás] condensa las causas directas de la revolución: ausencia del rey, situación económica, intromisión inglesa, ejemplo español”
  3. Saraiva, 1989.
  4. Saraiva, 1989, p. 328-329.
  5. Saraiva, 1989, p. 329.
  6. Saraiva, 1989, p. 332-334.
  7. Saraiva, 1989, p. 329; 334-336.
  8. Saraiva, 1989, p. 336.

Bibliografía

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  • Andrade, João.A Revolução de 1820: a conspiração, Porto Editora, 1983.
  • Birmingham, David (1995).Historia de Portugal. Cambridge:Cambridge University Press. 
  • Oliveira Ramos, Luís A,História do Porto, (3a. ed.), Porto: Porto Editora, 2000.ISBN 978-972-0-06276-5
  • Saraiva, José Hermano (1989) [​1978​].Historia de Portugal [Historia concisa de Portugal]. Col. El Libro de Bolsillo, nº 1413. Madrid: Alianza Editorial.ISBN 84-206-0413-5. 
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