Lapintura dehistoria, opintura histórica, es ungénero pictórico que se inspira en escenas con eventos de lahistoria cristiana, de lahistoria antigua (mesopotámica,egipcia,griega,romana, etc), de lamitología o de los acontecimientos históricos recientes. Igualmente, se incluye en este género laalegoría y aquellos cuadros que toman su narración no de la historia sino de laliteratura. Es decir, se le llama «histórica» no porque represente exclusivamente acontecimientos históricos sino porque narra una historia.[1]
La pintura de historia se consideró tradicionalmente como elgénero más importante. Esta preeminencia se explica dentro de un concepto determinado delarte en general: no se valora tanto que el arte imite a lavida, sino que propone ejemplos nobles y verosímiles. No se narra lo que los hombres hacen sino lo que pueden llegar a hacer. Por ello se defiende la superioridad de aquellas obras artísticas en las que lo narrado se considera elevado o noble.
Ya elrenacentistaAlberti, en su obraDe Pictura, Libro II, señaló que «la relevancia de un cuadro no se mide por su tamaño, sino por lo que cuenta, por su historia».[2] La idea proviene de laGrecia clásica, en la que se valoraba más latragedia, esto es, la representación de una acción noble ejecutada pordioses ohéroes, que lacomedia, que se entendía como las acciones cotidianas de personas vulgares. En este sentido,Aristóteles, en suPoética, acaba dando prevalencia a la ficción poética, pues narra lo que podría suceder, lo que es posible, verosímil o necesario, más que lo realmente sucedido, que sería el campo delhistoriador. Ahora bien, teniendo presente que no se trata de que esa ficción sea pura invención ofantasía sino que el mito es fabulación, estilización o idealización a partir de ejemplos humanos posibleshistóricamente. Cuando Aristóteles valora por encima de todo a la tragedia es porque, de entre todas las acciones humanas posibles, las que imita son las mejores y más nobles.
Es por ello que, cuando en 1667André Félibien (historiógrafo, arquitecto y teórico delclasicismo francés)jerarquiza los géneros pictóricos, reserva el primer lugar a la pintura de historia, a la que considera elgrand genre. Durante los siglos XVII al XIX, este género fue la piedra de toque de todo pintor, en el que debía esforzarse por destacar, y que le valía el reconocimiento a través de premios (como elPremio de Roma), el favor del gran público e incluso el ingreso en lasacademias de pintura. Además de lo elevado del mensaje que transmitían, existían razones técnicas. En efecto, este tipo de cuadro exigía al artista un gran dominio de otros géneros como elretrato o elpaisaje, y debía tener cierta cultura, con conocimientos en particular deliteratura ehistoria.
Ciertamente, esta posición comenzó a decaer desde finales del siglo XVIII y a lo largo delXIX, en provecho de otro géneros como elretrato, lasescenas de género y elpaisaje. Poco a poco se empezó a valorar más la representación de lo que el arte clásico consideraba «comedia»: lo cotidiano, las historias menores de gente vulgar. No por casualidad, las representaciones que hizoHogarth de sus contemporáneos fueron llamadas por estecomic history painting «pintura de historia cómica».
La pintura de historia se caracteriza, en cuanto a su contenido, por ser una pinturanarrativa: la escena representada cuenta una historia. Expresa así una interpretación de la vida o transmite un mensaje moral o intelectual por medio de un dibujo
Suelen ser cuadros de gran formato, grandes dimensiones. Hay una concentración de unos pocos personajes principales en medio de otros personajes menores en confusa multitud. Y todo ello enmarcado, generalmente en el fondo y los lugares menos destacados del cuadro, en estructurasarquitectónicas propias de la época que se representa.
Los colores suelen ser sobrios. Se da importancia al cuidado en los accesorios, en los detalles de las vestimentas o los objetos relacionados con el tema a tratar. No obstante, el acontecimiento, si es adecuado, no necesita haber ocurrido exactamente como se representa, y los artistas con frecuencia se toman grandes libertades con los hechos históricos a la hora de retratar el mensaje deseado. Esto no fue siempre así, pues en un principio los artistas vestían a sus personajes con traje clásico, con independencia de cuándo hubieran ocurrido los hechos que se relatan. Cuando, en 1770,Benjamin West se propuso representarLa muerte del General Wolfe en traje contemporáneo, diversas personas le dijeron con firmeza que usara vestimenta clásica. Pero él representó la escena con la ropa del momento en que ocurrió el acontecimiento. Aunque el reyJorge III rechazó comprar la obra, West tuvo éxito tanto al superar las objeciones de sus críticos como a la de inaugurar un estilo más adecuado desde el punto de vista histórico en semejantes pinturas. 69420
Dentro de la pintura de historia cabe diferenciar clases de cuadros por el origen del tema representado, ya que el ejemplo noble que propone podía provenir de lahistoria, tantoclásica como contemporánea al autor; lamitología, o la religióncristiana. Igualmente, pueden representarse acontecimientos del pasado cercano,literarios oalegóricos.
Losacontecimientos históricos elegidos seríaniconográficos, no solo representaban acontecimientos importantes, sino algunos de particular significación en la sociedad del pintor. Así, por ejemplo, la firma de ladeclaración de independencia de losEstados Unidos es un tema propio de la pintura de historia estadounidense. Se observa un predominio de las representaciones dereyes y debatallas.
Dentro de lapintura dehistoria religiosa se encuentran episodios delAntiguo Testamento, de losEvangelios, así como vidas deJesús,la Virgen y de la heroicaleyenda dorada de lossantos. Las figuras religiosas representan las ideas, los preceptos y las fuentes de inspiración, de manera que podían llegar a ser pretextos de una expresióndialéctica osatírica del tema. Las representaciones de santos se suelen hacer con susatributos, es decir, acompañadas las figuras con ciertos objetos simbólicos que permiten identificar a cuál de los numerosos personajes delsantoralcristiano se está refiriendo la pintura. Esto exige cierta cultura por parte del espectador, que en muchos casos sigue conservándose, como lasllaves para identificar aSan Pedro osanta Catalina y la rueda. Pero en la mayoría de los supuestos, es necesario un estudio más profundo o recurrir adiccionarios u obras modernas deHistoria del Arte para hallar la clave y saber, por ejemplo, que un santo representado con la piel colgando es sanBartolomé por haber sido despellejado en sumartirio.
Lamitología, en particular lagrecorromana fue fuente de inspiración de numerosas obras. Muchas veces los dioses y las diosas de la mitología antigua representaban diferentes aspectos delpsiquismo humano. Cabe observar que también en este caso se recurre a representaciones de los dioses clásicos con atributos para identificarlos, siendo en este sentido ejemplar la reiterada representación del diosZeus/Júpiter como un hombre con barba y unrayo.
Laalegoría tenía igualmente un sentido moralizante, representando muchas veces virtudes humanas como laJusticia o la Fortaleza. En este subgénero los hechos se representan de formasimbólica, más que narrativa. Una mujer conespada ybalanza es una representación de la «Justicia». Como ocurre con los santos y sus atributos, las alegorías plantean el problema de exigir al espectador una ciertacultura que le permita hallar en el cuadro las claves para identificar lo que se estaba representando. Gran parte de esta cultura clásica se ha perdido para el espectador actual, por lo que como ocurre con los santos y sus atributos, debe recurrir a otras obras para identificar lo que se está representando en el lienzo a través de los objetos simbólicos. Como en el resto de la pintura histórica, las dimensiones son considerables. Los personajes están revestidos de trajes intemporales, pero a menudo en un estado dedesnudez o semidesnudez. Ejemplos de esta pintura alegórica son laLa Fortaleza deBotticelli (1470) en elrenacimiento oLa Riqueza, deVouet (segundo cuarto del siglo XVII) en elbarroco.
Una variante que combina la historia propiamente dicha con la alegoría se encuentra en la «historia alegórica». En principio, el cuadro representa un acontecimiento ocurrido realmente, pero introduce en el cuadro elementos simbólicos propios de la alegoría. Ejemplo de este tipo de historia alegórica sonEl desembarco de María de Médicis en el puerto de Marsella oLa libertad guiando al pueblo. En el primero de ellos, obra deRubens, se puede ver el hecho histórico de la llegada aFrancia deMaría de Médici, ya casada por poderes con el reyEnrique IV; pero hay elementos en elmar que son puramente alegóricos, comosirenas oninfas,Neptuno y lasnereidas.
La pintura de historia seguirá siendo desarrollada en elbarroco, poniendo a los grandes pintores al servicio de las grandes monarquías, siendo impresionante la nómina que trabajó para laMonarquía Hispánica:Rubens,Velázquez,Lucas Jordán... En los siglosXVII yXVIII se vivió el máximo esplendor de los subgéneros de la pintura religiosa,mitológica yalegórica. Dentro de los artistas especialmente conocidos por trabajar la pintura de historia en esta época se encuentraCharles Le Brun.
Frecuentemente, en particular después del desarrollo del neoclasicismo, durante la Revolución francesa y el siglo XIX, la pintura de historia se concentró en la representación dehéroes, generalmente masculinos,desnudos; sin embargo, esta tendencia fue atenuándose en el XIX.
Otro desarrollo del siglo XIX fue la mezcla de este género con lo que se conoció comola pintura de género: la representación de escenas de la vida cotidiana. Grandes representaciones de acontecimientos de gran importancia pública quedaban completados con escenas que representaban incidentes más personales en las vidas de los grandes, o la vida cotidiana en ambientaciones históricas. Los artistas que los representaban a menudo conectaban el cambio con los mensajes morales que los acontecimientos públicos transmitían; ellos afirmaban que los mensajes morales eran también instructivos para la vida cotidiana, y de hecho, eran incluso superiores porque más gente sería capaz de aplicar la lección implícita en una representación de la vida familiar que en una de una muerte heroica en elcampo de batalla.
De igual forma, lo cotidiano pasó a tratarse como pintura de historia. Así, supuso una auténtica subversión del género elEntierro en Ornans deCourbet: un acontecimiento menor fue tratado como una gran pintura de historia a través del enorme formato, la abigarrada multitud en la que destacan unos pocos personajes principales y la sobriedad en el cromatismo.
La pintura de historia a menudo se cayó en elhistoricismo, con la copia de estilos y autores antiguos. A finales de siglo, evolucionó hasta un estilo llamadopompier y dio lugar, como reacción, al nacimiento delmodernismo. Como la pintura de historia era la favorita de laacademia, fue el objetivo contra el que lucharon los movimientos de vanguardia de lapintura contemporánea. Losimpresionistas rechazaron todos los temas históricos. En otros países, comoInglaterra y suHermandad Prerrafaelita, no se abandonaron del todo, pero variaron los temas, centrándose más en la literatura nacional y el mito. No obstante, aún en algunos cuadros aislados de los movimientos pictóricos de fin de siglo pueden verse ejemplos en que el estilo, las dimensiones o el tratamiento del tema recuerdan a la pintura de historia, comoUn baño en Asnieres deSeurat, cuyo formato remite claramente a la pintura de historia.
Con la llegada del siglo XX, era posible ver pinturas que emergían de las academias nacionales oficiales representando aNausicaa al mismo tiempo en que otros pintores estaban abandonando los talleres para pintar en la luz natural disponible y centrarse sólo en temas humildes y en la sensación pura. En definitiva, los temas cotidianos o lospaisajes, que pasan a ser los preferidos por los pintores más renovadores desde mediados del siglo XIX (realistas oimpresionistas), relegaron el género a un segundo plano en la historia del arte. Lasvanguardias sólo revisitarán el género de forma esporádica, aunque en ocasiones de forma genial, como hizoPablo Ruiz Picasso en elGuernica. Un tratamiento más sistemático fue el de losmuralistas mexicanos (José Clemente Orozco,David Alfaro Siqueiros,Diego Rivera).
Este género, junto con estos pintores deestilo realista (se ha utilizado el términorealismo retrospectivo para definir esta pintura de historia)[5] oacadémico, sufrió una minusvaloración prolongada desde el triunfo de lasvanguardias artísticas en el primer tercio del siglo XX. No alcanzaban altas cotizaciones en el mercado de arte ni se favorecía su exhibición pública, a pesar de pertenecer los más importantes a los fondos delMuseo del Prado. Quedaron relegados desde 1972 a lasección de arte del siglo XIX, físicamente separada del edificio principal (el delPaseo del Prado, obra deJuan de Villanueva) y fueron alojados en el más discretoCasón del Buen Retiro, de donde se retiró la mayor parte de ellos en 1981 cuando se recuperó elGuernica. La ampliación del museo inaugurada en noviembre de 2007, sobre el adyacente claustro delMonasterio de los Jerónimos (el polémicoCubo de Moneo) significó un impulso para su revalorización, al incluirles en un lugar especial de las nuevas salas, eligiéndose como cuadro simbólico para la publicidadEl Fusilamiento de Torrijos.
Finalmente, cabe señalar que española es también, por su autoría y tema, una de las más destacadas obras de la pintura histórica del siglo XX: el ya mencionadoGuernica dePicasso. Como Goya, forma parte de una tradición moderna de lo épico, aunque con un planteamiento anticlásico. En el siglo XXI la pintura histórica viene de la mano del polifacético artista catalánAugusto Ferrer-Dalmau que plasma en sus lienzos la reciente y pasada historia militar española
↑Laneyrie-Dagen, enLeer la pintura, pág. 24, define así la «pintura de historia»:
Toda obra que trata de forma narrativa o simbólica temas de carácter «serio», destinado a elevar el alma del espectador y a instruirle, así como a intentar que sea mejor.
↑José Luis Díez (dir.); textos deAlfonso Pérez Sánchez y otros:La pintura de historia del siglo XIX en España, catálogo de la exposición (salas del antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo). Madrid: Museo del PradoISBN 84-604-4019-2