NacidoBenedetto Gaetani, era miembro de unanoble familia originaria del sur de Italia. Estudió enTodi,Bolonia yParís, especializándose enderecho canónico.
Tras finalizar sus estudios inició su carrera en el seno de la Iglesia comocanónigo en varias sedes episcopales hasta queMartín IV lo nombrócardenal diácono de San Nicolás, cargo que ocupó hasta que, en 1291,Nicolás IV lo hizo cardenal presbítero de San Silvestre y San Martín. Ocupaba esa dignidad cuandofue elegido papa el 24 de diciembre de 1294.
Tras la renuncia deCelestino V que, según algunos, él mismo alentó, la elección de su sucesor fue muy rápida, a pesar de las diferencias existentes entre los cardenales franceses e italianos. Ambos partidos estaban de acuerdo con que el nuevo papa debía tener competencias claras de gobierno. Al primer escrutinio fue elegidoMatteo Rosso Orsini, pero este rechazó el nombramiento. Finalmente la elección recayó sobre Benedetto Gaetani, quien tomó el nombre de Bonifacio VIII.[1]
Las primeras decisiones del nuevo pontífice fueron: anular o suspender las decisiones de Celestino V (excepto aquellas que tenían que ver con la nómina de los cardenales), sustituir el personal de laCuria romana y restablecerRoma como la sede del papa. Temeroso, además, de que tras la figura de su predecesor se iniciase uncisma en la Iglesia, ordenó suencarcelamiento en el castillo deFumone, propiedad de su familia, donde permaneció hasta su muerte. Los grupos representados por losfranciscanos espirituales estaban profundamente resentidos por esta actuación.
Bonifacio VIII era un hombre capaz, pero sus actuaciones se vieron empañadas por su falta de diplomacia y tacto. Cuando creía tener razón era intransigente y arrogante, creándose muchos enemigos, como la poderosa familia italianaColonna, a quienes margina, por los excesivos favores prestados a su propia familia, los Gaetani.[2]
Bonifacio VIII, preocupado permanentemente por favorecer a su familia, los Gaetani, con los que casi llega a conformar un principado, hizo que las familias romanas más importantes, como losColonna y losOrsini, se enfrentaran a él en más de una ocasión por problemas territoriales, administrativos y de beneficios. Estas tensiones, especialmente con los Colonna, estallaron cuandoEstéfano Colonna, hermano del cardenalPietro Colonna, se adueñó de una caravana de mulas que trasportaban el tesoro papal. La reacción del papa se dirigió contra toda la familia. Los cardenales de lafamilia Colonna reaccionaron escribiendo elManifiesto de Lunghezza, lleno de acusaciones contra el papa y que juzgaba como inválida la renuncia de Celestino V, por lo que Bonifacio VIII no sería el verdadero papa.[4]
Ante las acusaciones redactadas en el Manifiesto, y aunque Bonifacio VIII recuperó el tesoro papal, el pontífice reaccionó deponiendo y condenando a los cardenales de la familia Colonna y a sus colaboradores, comoheréticos, cismáticos yblasfemos. No contento, el papa proclamó una cruzada contra los Colonna, en diciembre de 1297, por la cual tuvieron que huir y refugiarse en elReino de Francia.[5]
Lo que fue aprovechado por Bonifacio, para emprender una cruzada contra la ciudad dePalestrina (región de Lacio), para, al final, mandar demolerla y masacrar a sus aproximadamente 6,000 habitantes, todo porque la ciudad se había demostrado leal a los Colonna. Este papa aprovechó la ocasión para regalar esos territorios a su familia, los Gaetani.
Inmediatamente después de su elección, Bonifacio intervino en el problema siciliano que, desde los sucesos de 1282 conocidos comovísperas sicilianas, enfrentaba alReino de Nápoles con elReino de Aragón. Bonifacio VIII logró queJaime II de Aragón firmase, en 1295, laPaz de Anagni por la que este renunciaba a cualquier derecho sobre Sicilia, a cambio de los feudos deCórcega yCerdeña.
Los sicilianos se rebelaron contra un acuerdo que suponía el retorno de la dinastíaAnjou, y nombraron rey al hermano de Jaime II,Federico II que había ejercido hasta ese momento el cargo de gobernador de la isla. El papa asumió este primer fracaso político coronando a Federico como rey de un Estado feudatario de laSanta Sede.[5]
A nivel internacional el primer objetivo de Bonifacio fue lacruzada, exhortando a los reyes de la cristiandad a restablecer la paz entre sus reinos, para poder empuñar la espada en favor de la reconquista deJerusalén.
Intervino además como mediador en la lucha que enfrentaba aAlberto I de Austria yAdolfo de Nassau por la sucesión imperial, mostrándose a favor de Alberto, quien a cambio del apoyo del papa, en 1303 hizo un juramento de obediencia y de defensa al sumo pontífice.[5]
Quizás el hecho más significativo del pontificado de Bonifacio VIII será su enfrentamiento conFelipe IV de Francia, llamado "el hermoso". Por la gran importancia del mismo merece ser tratado en un capítulo aparte.
El enfrentamiento se inició cuando el reyFelipe IV pretendió hacertributar al clero francés. Ello dio lugar a conflictos entre losseñores eclesiásticos y los funcionarios reales por el ejercicio de todo tipo dederechos sobre los hombres y las tierras; conflictos que, en general, se resolvieron en favor de lajurisdicción real, a pesar de las protestas de los obispos y del papa.
El papa hace valer suplenitudo potestatis y responde emitiendo, el 25 de febrero de 1296, labula papalClericis laicos, por la que prohibía el cobro deimpuestos al clero sin el consentimiento papal, bajo pena deexcomunión. Esta bula fue ignorada por Felipe, quien contestó emitiendo una serie de edictos por los que se prohibía, tanto a laicos como a eclesiásticos, la exportación de productos a Roma. Como resultado de unas difíciles negociaciones Bonifacio firmó un acuerdo por el que reconocía al rey francés la potestad de fijar tributos al clero en casos de extrema necesidad y sin contar con una autorización previa del pontífice. Como símbolo de buena voluntad, el papa, en 1297canonizó aLuis IX, rey de Francia y abuelo de Felipe.[6]
El entendimiento entre Bonifacio VIII y Felipe fue muy breve; se mantuvo apenas cuatro años. En el verano de 1301 se produjo un nuevo choque cuando el rey ordenó la detención del obispo dePamiers,Bernard Saisset, bajo la acusación de traición. Ello constituía una clara violación de losprivilegios eclesiásticos, ya que únicamente el papa podía juzgar a un obispo. El motivo inmediato del arresto fue forzar a una solución del conflicto por la jurisdicción dePamiers que enfrentaba alConde de Foix, quien tenía el apoyo del rey, y a la Iglesia, que contaba con la intervención del Papa, ya que había puesto esa diócesis bajo su protección directa. Sin embargo el objetivo último tenía mucho más calado, pues pretendía arrancar a Bonifacio VIII el reconocimiento de la jurisdicción suprema del rey sobre todos sus súbditos, incluidos los miembros de la alta jerarquía eclesiástica; es decir, un reconocimiento de la superioridad absoluta del rey sobre el papa en el interior de su reino.[7]
El 24 de octubre de 1301 enSenlis, ante Felipe y su consejo, se presentaron los cargos contra el obispo, cuya gravedad, según el rey, justificaban su intervención: Saisset habría intentado arrastrar al conde de Foix a participar en uncomplot dirigido al levantamiento delLanguedoc contra el rey; y además habría difundido una falsaprofecía de Luis IX de Francia, según la cual la dinastía de losCapetos perdería el reino bajo el reinado de su nieto. Sin embargo, las actas del proceso no muestran ninguna prueba que acredite esas acusaciones. Unos días más tarde el consejero real y célebre legistaGuillermo de Nogaret envía una carta a Bonifacio VIII para justificar la actuación del rey y en ella amplía la acusación de traidor a la dehereje (se le acusa de haber afirmado que la fornicación no era pecado y de que elsacramento de lapenitencia era inútil). Así el rebelde contra el rey se convertía también en rebelde contra Dios.[7]
Felipe intentó obtener el desafuero por parte del papa, pero Bonifacio VIII, en la bula papalAusculta fili (Escucha, hijo), hecha pública el 5 de diciembre de 1301, reprueba al rey francés por no haber tomado en cuenta otra bula, laClericis laicos sobre los impuestos a los clérigos, y por no obedecer al obispo de Roma. En Francia, la bula fue quemada, y en lugar de la "Ausculta Fili", circuló inmediatamente una Bula falsificada (probablemente obra de Pierre de Flote) llamadaDeum time. Sus cinco o seis líneas altaneras se pensaron para incluir una cuidadosa frase: ...Scire te volumnus quod in spiritualibus et temporalibus nobis subes (i. e.,queremos que sepas que tú eres nuestro súbdito tanto en los asuntos espirituales como en los temporales). Como si ello no bastara también se añadía quequien lo negara era un hereje (lo cual era una frase hiriente para "el nieto de San Luis").
En vano protestó el papa, y los cardenales, contra esta falsificación, en vano intentó explicar, un poco después, que ser súbdito al que se refiere la Bula es solamenteratione peccati, i. e., que la moralidad de cada acto real, privado o público, caía dentro de la prerrogativa papal. Así se suscitó una reacción de apoyo al rey y de rechazo al Papa que aparecía como quien intentaba -en términos nada conciliatorios- someter al rey en asuntos temporales:
No deje que nadie lo convenza sobre que tiene Ud. superioridad o está libre de sujeción a la cabeza de la jerarquía eclesiástica, ya que solo un tonto podría pensar así...
Bonifacio VIII,Ausculta Fili
Asimismo el papa convoca a Felipe y al episcopado francés a unconcilio a celebrar en Roma, el 1 de noviembre de 1302, con el fin de definir de una manera definitiva la relación entre elpoder temporal y la Iglesia; y también para juzgar al rey como culpable de abusos inauditos contra la Iglesia católica. Felipe responde inmediatamente, acusando de herejía al Papa ante la reunión de los representantes del clero, de la nobleza y, por primera vez, de la ciudad deParís, lo que constituye el nacimiento de losEstados Generales de Francia; además convocó unconcilio ecuménico para juzgarlo y prohibió la asistencia al concilio romano convocado por el papa. El rey, en palabras de Nogaret, se había convertido en el "ángel de Dios" enviado para actuar en su nombre.[7]
Alconcilio convocado por Bonifacio VIII se presentaron unos cuarenta obispos y seis abades, pero la mayoría de ellos provenían de territorios que no estaban bajo la jurisdicción del rey de Francia. Entre los presentes se encontraba el obispo deBurdeos, Bertrand de Got (el futuroClemente V). En dicho concilio seexcomulga, sin nombre propio, a todo aquel que prohíba a quien fuese, apelar a la Santa Sede. Al final, el 18 de noviembre de 1302, se promulga la bula papalUnam sanctam, la cual llevaba hasta sus últimas consecuencias la doctrina deInocencio IV,[8] donde se exponía un sistema jerárquico con supremacía pontificia, en la misma línea que sus predecesores -Gregorio VII eInocencio III. Se afirmaba que:
«...existen dos gobiernos, el espiritual y el temporal, y ambos pertenecen a la Iglesia. El uno está en la mano del Papa y el otro en la mano de los reyes; pero los reyes no pueden hacer uso de él más que por la Iglesia, según la orden y con el permiso del Papa. Si el poder temporal se tuerce, debe ser enderezado por el poder espiritual (...) Así pues, declaramos, decimos, decidimos y pronunciamos que es de absoluta necesidad para salvarse, que toda criatura humana esté sometida al pontífice romano».[9]
Como se lee, Bonifacio VIII reconoce la autonomía de la esfera política (poder temporal), pero con una precisa limitación: dado que el hombre político es también cristiano, este se encuentra sujeto al poder espiritual del papa. Sin embargo, era la época del nacimiento de los Estados nacionales, que no se apoyaban ya en una relación de tipo feudal, sino sobre las relaciones de tipo mercantil y burgués. Así fue como se interpretó la bula, como una pretensión de tipo feudal de parte del romano pontífice.
La reacción de Felipe IV fue la convocatoria, el 12 de marzo de 1303 de una asamblea en elLouvre de París. El rey no podía aceptar que la esfera religiosa le fuese arrebatada de su poder para pasarla al papa. A la asamblea se presentaron prelados y nobles (entre ellos la familia Colonna que se refugiaba en Francia), que acusaron a Bonifacio VIII de herejía,simonía, blasfemia,hechicería y de ser culpable de la muerte de Celestino V. Se pidió además la convocatoria de un concilio ecuménico para su procesamiento y deposición, encargando al consejeroGuillermo de Nogaret su captura y traslado a París.[10]
Cuando el papa recibe la noticia de las intenciones de Felipe, en consistorio rebatió las acusaciones de los franceses bajo juramento y se decidió preparar una nueva bula de excomunión, laSupra Petri solio, que no tuvo tiempo de promulgar ya que el 7 de septiembre de 1303 tuvo lugar el incidente conocido comoatentado de Anagni.
Ilustración del momento en el que se produjo la supuesta bofetada deSciarra Colonna al papa.
Con base en ese dominio universal del Papa, el rey francés debía ser excomulgado enAnagni el día de la Natividad de María (8 de septiembre de 1303) y sus súbditos declarados exentos del juramento de fidelidad (en esa iglesia se había proclamado la excomunión de Alejandro III contra Federico Barbarroja y la de Gregorio IX contra Federico II). Pero un día antes llegaron a Anagni mercenarios franceses, a quienes se adhirieron cientos de milicianos locales. Hicieron prisionero al Papa, tras lo cual sobrevino la reacción ciudadana.
Guillermo de Nogaret, que se encontraba en Italia con la intención de apresar al Papa, ySciarra Colonna, enemigo acérrimo de Bonifacio VIII, contando con el apoyo de la alta burguesía de Anagni y de algunos miembros delColegio cardenalicio, asaltaron el palacio papal de Anagni, donde se encontraba el pontífice. Bonifacio VIII esperó a sus agresores sentado en un trono y revestido de todas las vestimentas de su rango y los atributos de poder. En tal circunstancia, Sciarra Colonna supuestamente abofeteó al Papa tras amenazarlo con la muerte.
Durante tres días el papa quedó en manos de los conjurados, hasta que el pueblo de Anagni se sublevó en su defensa obligando a sus captores a liberarle y permitiéndole huir de la ciudad. Fue conducido a Roma por una pequeña escolta ofrecida por la familia Orsini y se refugió en el Vaticano. El pontífice murió un mes después, el 11 de octubre de 1303, sin haber cobrado desquite por estos acontecimientos[11] y con la ciudad sumida en disturbios y tumultos. Su agonía ha sido descrita como especialmente penosa, falleciendo de melancolía y desesperanza, en un probable estado dedemencia: rechazó ser alimentado, y golpeaba su cabeza contra la pared. El historiadorTolomeo de Lucca señaló que "estaba fuera de sí" (extra mentem positus) pensando que todo el que se le acercaba quería encarcelarlo.[12]
Si el pontificado de Bonifacio VIII puede considerarse un fracaso desde el punto de vista político, tuvo en otras facetas actuaciones destacadas como el establecimiento, en 1300, del primeraño jubilar, que debía celebrarse cada cien años, y que hoy la Iglesia católica continúa celebrando cada 25 años. Ese año jubilar atrajo a Roma a más de dos millones de peregrinos, que contribuyeron al desarrollo de las llamadasvías romeas.
Es mérito de Bonifacio VIII la publicación, en 1298, delLiber sextus, una recopilación de textos legales eclesiásticos y de la fundación en 1303 de laUniversidad de La Sapienza de Roma.
Además, se considera que laSeguridad Vial nació con Bonifacio VIII, pues durante la celebración delAño Santo la gente se abalanzó a las calles cercanas a laPlaza de San Pedro, impidiendo el paso de los carruajes, lo que ocasionó numerosos muertos. En respuesta al triste suceso, el papa ordenó que marcaran líneas blancas a la mitad de las calles del Vaticano, para que de un lado cruzasen los carruajes y del otro, los peatones. Esa fue la primera norma de tránsito de la historia. A este pontífice se debe la norma que recogía la costumbre del Imperio Romano y que aún se respeta en el Reino Unido que ordenó circular por la izquierda,[13] y que en territorio continental sería modificada por laRevolución Francesa y asentada la modificación en el imperio napoleónico.
Bonifacio VIII fue el último gran representante de la soberanía pontificia medieval. Su derrota en el choque con la Francia de Felipe IV fue, por eso, mucho más que un fracaso personal; fue la derrota de la tesis del dominio universal del papado. Por eso se dice que fue el último que pretendió llevar hasta sus últimas consecuencias el universalismo pontificio medieval.
El atentado de Anagni, culmen de la impotencia de Bonifacio VIII para hacer frente a Felipe IV de Francia, inauguraba el siglo XIV para la iglesia, en el que esta quedó a merced de los reyes franceses, que culminó con el traslado del papado aAviñón. Su pontificado representa el fin de la pretensión de dominio universal del Papa frente a los poderes monárquicos de las nacientes naciones deEuropa.
Algunos historiadores han hecho tibios esfuerzos por preservar la imagen de Bonifacio VIII, en contraste con las críticas vertidas por quienes, como el protestanteGregorovius, no han sentido la obligación de defender al papado. El católicoHeinrich Finke ha reconocido la capacidad intelectual de este pontífice, pero también recalcó su arrogancia, su desprecio de los demás hombres, su carácter desagradable que le privó de toda amistad, sunepotismo yavaricia. Según un testimonio de la época, el papa esperaba vivir "hasta que todos sus enemigos fuesen suprimidos".[12]
En laDivina Comedia el papaNicolás III, castigado por simonía, confunde a Dante con Bonifacio VIII y le acusa de haber conseguido la elección papal por medios corruptos.[14]