Los esqueletos en los armarios de los dictadores de derecha, que gobernaron América Latina durantelos años setenta, son literalmente reales. Cuando en Paraguay salieron a la luz los enormes archivossecretos de la policía, resultó evidente la existencia de una campaña de terror coordinadainternacionalmente. Ahora, los EE.UU., que apoyaron a los dictadores, estarían ayudando a quienesestán intentando depurar los registros documentales de unas 50.000 personas asesinadas, 30.000desaparecidos y 400.000 encarcelados.
Una mañana de diciembre de 1992, el juez paraguayo José Fernández y el profesor y ex prisioneropolítico Martín Almada, entraron a la estación de policía de Lambaré, suburbio de Asunción, abuscar los archivos policiales de Almada. Lo que encontraron en su lugar fueron décadas de historiadocumental sobre la represión en Paraguay y otros países. También encontraron registros de lacooperación de la inteligencia estadounidense con las dictaduras de la región, incluida la paraguaya.
Los "Archivos del Horror", tal como fueron conocidos desde entonces, se han convertido en unaclave para descifrar la historia reciente de América Latina. Los archivos detallan el destino decientos, quizá miles, de latinoamericanos secretamente secuestrados, torturados y asesinados por losregímenes derechistas de los años setenta. También ofrecen una pista en papel que confirma laexistencia de una conspiración escurridiza y sanguinaria entre los servicios de Argentina, Bolivia,Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay para rastrear y eliminar a los adversarios políticos conindependencia de las fronteras nacionales. Ahora es posible completar el esbozo del "OperativoCóndor", tal como se conocía a esta red ilícita.
Pero debido a que los archivos plantean una amenaza a los hombres que organizaron y llevaron acabo la represión hemisférica, se están realizando esfuerzos para eliminarlos o depositarlos en manos"seguras". Algunos de los documentos ya han desaparecido y existen sutiles maniobras para sustraera los restantes del control legal y periodístico.
Cuando Fernández y Almada entraron en la comisaría de Lambaré, desenterraron una montañadesordenada de amarillentos y deteriorados papeles, archivos, cartas y registros que describían lasactividades de la policía y la inteligencia militar durante la recientemente derrocada dictadura deStroessner. Una búsqueda similar, realizada pocos días después en el cuartel general de la PolicíaTécnica paraguaya (contraparte del FBI estadounidense), sacó, a la luz más documentosreveladores. En total, se han rescatado unas cuatro toneladas de documentación.
Algunas fotografías y registros incluían el país de origen de los prisioneros. Muchos eran deArgentina, Brasil o Chile. Los periodistas autorizados a buscar entre los caóticos archivos seapresuraron a fotocopiar cartas y documentos. Los primeros datos confirmaban el arresto y asesinatode políticos paraguayos cuya "desaparición" había sido continuamente negada por la dictadura,además de la entrega e intercambio de prisioneros con otros países, particularmente Argentina, Chiley Uruguay.
Paraguay, un país de cuatro millones de habitantes situado en el centro de América del Sur, tieneuna larga tradición de aislamiento introspectivo con extravagantes y veleidosos dictadores. ElGeneral Alfredo Stroessner, que tomó el poder con un golpe en 1954, impuso una estructura socialfeudal y represiva y ofreció su hospitalidad a nazis sin residencia fija y traficantes de drogas bienconectados.El despiadado aparato represivo del dictador controló con eficiencia a una población mayormenteatemorizada. Pero en febrero de 1989, la era de 35 años de Stroessner llegó a su fin. El General fuederrocado por su amigo, pariente político y segundo al mando, General Andrés Rodríguez, y huyó alBrasil como exiliado.
Martín Almada, un conocido profesor y figura política, se puso bajo la mira de la policía secreta deStroessner en 1974, cuando publicó un discurso doctoral crítico sobre la educación en Paraguay.Fue arrestado y acusado de "terrorismo" y vinculación con los comunistas paraguayos. Fuetorturado antes de pasar los siguientes tres años en el conocido campo de concentración Emboscada.Su esposa de 33 años murió de un ataque al corazón tras recibir una llamada telefónica en la que lostorturadores reproducían sus gritos.|1| Tras su liberación en 1977, se marchó al exilio pero despuésde la caída de Stroessner, Almada inició los procedimientos legales contra sus perseguidores.
Mediante una provisión de la nueva Constitución paraguaya post-Stroessner, Almada presentó unmandato dehabeas data, que permite que las personas accedan a sus registros policiales. A travésde sus propias investigaciones privadas y una carta anónima, Almada se enteró que algunosdocumentos relacionados con su caso podían encontrarse en la comisaría de Lambaré|2|. Actuandocon discreción y cuidado, Almada pasó esta información al juez Fernández, que ordenó el registro.
Los documentos se convirtieron en un acontecimiento político y generaron órdenes de detencióncontra primeras figuras del régimen de Stroessner, además de oficiales militares de Argentina yUruguay. La temida cabeza de los detectives de Stroessner, Pastor Coronel, está actualmenteencarcelado en Paraguay, al igual que el jefe de estado mayor y titular de la inteligencia militar deStroessner, General Benito Guanes Serrano. El jefe de la Policía Técnica, Antonio Campos Alum, sereunió con el dictador en el exilio; ambos están actualmente citados por los tribunales paraguayoscomo "acusados en rebeldía" y "fugitivos de la justicia paraguaya"|3|.
El caso Inzaurralde-Santana.
Un informe de Pastor Coronel a Stroessner, fechado el 16 de mayo de 1977, ha demostrado sercrucial para la producción de un extraordinario caso legal. En 1973, Gustavo Edison Inzaurraldehuyó a Paraguay tras ser arrestado y torturado por su pertenencia a una organización combativauruguaya antigubernamental. Cuando fue arrestado en Paraguay, el 28 de marzo de 1977, se estabapreparando para exiliarse en Suecia y reunirse con su esposa, embarazada de siete meses. Encambio, el "desapareció" después de ser apresado por militares argentinos.El informe revela que las autoridades paraguayas entregaron a Inzaurralde, a su compatriota NelsonRodolfo Santana y a tres argentinos, a un capitán de la armada argentina y todos oficiales deinteligencia argentinos. El Coronel informó a Stroessner de la "gratitud" de los militares argentinosy uruguayos por haber permitido que dos agentes de los servicios de inteligencia argentina (SIDE) yun oficial uruguayo interrogaran [torturaran] a los prisioneros en Asunción|4| .
Con esta información en la mano, las familias de Santana e Inzaurralde iniciaron los procedimientoslegales en Paraguay. En junio de 1993, el juez Arnulfo Arias inculpó en el caso al jefe de lainteligencia militar, Guanes Serrano, y al jefe de la Policía Técnica, Campos Alum. Guanes Serranoadmitió ante el tribunal los intercambios extrajudiciales de presos políticos entre Argentina, Chile,Paraguay y Uruguay durante los años setenta. Campos Alum testificó que "el intercambio deprisioneros era frecuente en la región" e identificó como principales colaboradores a los oficialesargentinos y uruguayos mencionados en el informe de Coronel|5|.
EN un paso sin precedentes, el juez Arias decidió entonces someter a juicio también a oficialesmilitares extranjeros. En marzo de 1994 comenzó un juicio singular. Doce agentes de seguridadmilitares --cinco paraguayos, seis argentinos y un uruguayo-- fueron acusados por "abuso deautoridad, privación ilegal de la libertad, tortura y secuestro"|6|.
Almada y los dos uruguayos desaparecidos forman parte de los miles de perseguidos por losregímenes militares derechistas del Cono Sur (Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay)durante los años setenta. Mientras que muchos de los crímenes fueron estrictamente asuntosinternos, otros implicaron la cooperación de oficiales de inteligencia y militares más allá de lasfronteras nacionales. Con el nombre en clave del Operativo Cóndor, los dictadores del Cono Sur seembarcaron en una empresa de alcance hemisférico para neutralizar o eliminar a los adversariosdetectados. Y al llevar a cabo su tarea, no diferenciaron entre oposición violenta y disenso pacífico.
El Cono Sur durante los años setenta.
Alfredo Stroessner ya había estado en el poder durante una década cuando los generales derechistasbrasileños interrumpieron la democracia de dicho país en 1964. Se aseguró el cargo en su feudo sinsalida al mar, a medida que el resto del Cono Sur descendía hacia un torbellino de inestabilidadpolítica y terror de Estado.El resultado del golpe y contragolpe de Bolivia desembocó en la dictadura derechista de HugoBánzer en 1971. El golpe de Pinochet de 1973 en Chile interrumpió el experimento socialista deSalvador Allende. Ese mismo año, la prolongada democracia de Uruguay finalizó cuando elpresidente Juan María Bordaberry clausuró el Parlamento y encaminó al país hacia la dictadura. Laviolencia política tras el retorno y la muerte de Juan Perón desembocó en la perversa dictaduramilitar derechista argentina en 1976.
Los crecientes niveles de represión dejaron a la región plagada de refugiados y exiliados políticos.Unos cuatro millones de personas huyeron de sus hogares buscando un refugio seguro, mayormenteen los países vecinos|7| . Tras los golpes de Chile y Uruguay, millares buscaron asilo en Argentina,reuniéndose con los cientos de miles de paraguayos que ya estaban allí. Mientras tanto, losargentinos buscaban seguridad en Bolivia y Paraguay. La región era el escenario de un frenético ir yvenir de refugiados. Pero, a medida que se fue expandiendo la ola de dictaduras militares, quedaronde lado las viejas tradiciones de santuarios para los exiliados políticos. El tributo generado por larepresión en el Cono Sur fue de unos 50.000 asesinatos, 30.000 desaparecidos --la mayoría enArgentina-- y 400.000 encarcelados. Entre los asesinados y los desaparecidos se cuentan unos3.000 niños|8| . No obstante, estas cantidades sólo aluden a la espeluznante realidad de los estadosilegales.
Descenso a la brutalidad.
La caída del Cono Sur en el salvajismo se originó en la crisis política y geopolítica y en la ideologíacomún compartida por los regímenes militares de la región. Estados Unidos desempeñó un papelcrítico en todas estas causas. La Guerra Fría proporcionaba el contexto global para unanticomunismo patológico y Estados Unidos ofreció formación ideológica y militar a sus aliadoslatinoamericanos. Las fuerzas armadas de la región se mostraron muy receptivas. De hecho,desarrollaron una visión mundial abiertamente totalitaria con consecuencias mortales.El entonces Ministro de Relaciones Exteriores argentino, almirante César Augusto Guzzettimanifestó sin reservas esta perspectiva en una entrevista de 1976: "No existe una subversión dederecha o terrorismo de ese tipo. El cuerpo de la sociedad está afectado por una enfermedad quecorroe las entrañas y forma anticuerpos. Estos anticuerpos no pueden considerarse del mismo modoque el microbio. La acción del anticuerpo desaparecerá cuando el Gobierno controle y destruya a laguerrilla"|9|.
Los países del Cono Sur se enfrentaron de hecho a desafíos armados provenientes de la izquierda. EnUruguay, los Tupamaros asestaron unos golpes políticos espectaculares. En Argentina, el marxistaEjército Revolucionario del Pueblo y los peronistas de izquierda Montoneros se implicaron en unalucha despiadada contra las fuerzas de seguridad y los escuadrones de la muerte de la derechaperonista. En Bolivia, Hugo Bánzer pudo hacerse con el poder sólo tras un sangrientoenfrentamiento con los populistas de izquierda alineados con su predecesor, el general Juan Torres|10|.
Los militares brasileños aplastaron un alzamiento armado de la izquierda hacia finales de los añossesenta. Su situación recordaba la de Chile; en ambos casos, los movimientos de guerrilla nosurgieron hasta después de que un gobierno militar represivo se hiciera con el poder.
Sin embargo, la respuesta de las fuerzas de seguridad en todos estos países fue mucho más allá quederrotar a las guerrillas. Estaban implicados en una guerra santa contra la izquierda, que para ellosincluía a cualquiera que desafiara el statu quo, estuviera armado o no. En consecuencia, enfermeras,profesores, estudiantes, trabajadores, artistas, actores, periodistas e incluso políticos de la oposicióndemocrática pasaron a ser vistos como los "microbios" de Guzzetti.
Estados Unidos proporcionó la inspiración, el financiamiento y la asistencia técnica para la represióny puede haber plantado la semilla que desembocaría en el Operativo Cóndor. La CIA facilitó unamayor coordinación entre los servicios de inteligencia de la región. Un historiador atribuye a unoperativo de la CIA el haber acordado los primeros encuentros entre oficiales de seguridadargentinos y uruguayos para discutir la vigilancia de los exiliados políticos. La CIA tambiénorganizó encuentros entre líderes de los escuadrones de la muerte brasileños con argentinos yuruguayos|11|.
Estados Unidos hizo algo más que simplemente organizar encuentros. La división de ServiciosTécnicos de la CIA suministró equipo eléctrico de tortura a brasileños y uruguayos y ofrecióinformación sobre cuánta descarga podría soportar un cuerpo humano|12|. Los agentes de seguridadlatinoamericanos también recibieron formación para la fabricación de bombas, de parte de la CIA,en las instalaciones de la Agencia de Seguridad Pública (OPS) del Departamento de Estado, enTexas|13|.
El asesoramiento y la ayuda de Estados Unidos facilitaron la coordinación entre los servicios deinteligencia regionales. Esta cooperación hizo posible el intercambio de información y prisioneros eincluso asesinatos conjuntos. Un exiliado político podía ser mantenido como rehén o secuestrado yllevado a través de las fronteras, torturado y desaparecido, sin ninguna autorización judicial.
Paradójicamente, la moderación aplicada en la CIA tras su descubrimiento parcial en los informesdel comité Church and Pike, de 1974-75, podrían haber favorecido la creación del OperativoCóndor. La administración Carter se opuso a la postura de la CIA "anulando todas las solicitudes deinteligencia presentes en América Latina. La cooperación de la CIA ha sido muy valiosa para todaslas dictaduras militares desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero el Gobiernoestadounidense comenzó a tener reservas acerca de solicitudes de colaboración tras variosescándalos, principalmente provocados por Chile"|14| .
Si la administración de Carter no estaba dispuesta a ayudar a las dictaduras, éstas lo estaban ypodían ayudarse a sí mismas.
Primeros avistamientos del Cóndor.
Aunque en 1976 el Cono Sur ya estaba inundado con la sangre de miles de víctimas del terrorismode Estado, tres asesinatos de alto nivel provocaron los primeros rumores sobre una conspiracióninternacional contra la izquierda. En todos los casos, las víctimas eran prominentes exiliadoschilenos. En septiembre de 1974, el Ministro de Defensa de Salvador Allende, general Carlos Partas,y su esposa, fueron asesinados en Buenos Aires cuando explotó una bomba bajo su coche. Lasautoridades argentinas no investigaron el caso|15| . En octubre de 1975, el vicepresidente deAllende y líder de los demócratas cristianos chilenos, Bernardo Leighton, y su esposa, sobrevivieronmilagrosamente a un intento de asesinato en Roma. Los investigadores italianos comenzaron aseguir el hilo de una red internacional que vinculaba a los servicios de seguridad del Cono Sur conneofascistas de su país|16| .A mediados de 1976, estos intentos de asesinato de alto nivel, así como los relatos horrendos queprovenían del Cono Sur, comenzaron a generar la atención de la prensa mundial. El periodistabritánico Richard Gott, que había investigado las denuncias de familiares de víctimas, llamó a larepresión como "algo parecido a la Operación Fénix [en Vietnam]. las personas con capacidad deinspirar y unir a la nación en una campaña para resistir a las fuerzas de ocupación, son quitados delmedio uno a uno", escribió. Gott culpó a Washington, declarando que el entonces Secretario deEstado, Henry Kissinger "debía conocer [quién era responsable]"|17|.
Pero fue el asesinato de Orlando Letelier, ex Ministro de Defensa y de Relaciones Exteriores deAllende, en la Embassy Row de Washington, en septiembre de 1976, lo que puso al descubierto laspiezas del Operativo Cóndor. Un coche bomba colocado por el ubicuo Townley y un grupo deterroristas cubanos anti-castristas, asesinó a Letelier y a su secretaria, Ronni Moffitt. El marido deMoffitt, Michael, que estaba viajando en el asiento trasero, sobrevivió, y deambulando aturdido porel lugar gritaba que "¡Fueron los fascistas chilenos! ¡Hijos de puta!"|18|.
Por supuesto, Michael Moffitt estaba en lo cierto, aunque los fiscales estadounidenses emplearíandos años antes de poder llevar el caso a los tribunales. Townley y los cubanos fueron finalmentedeclarados culpables de los asesinatos. También fueron procesados el general Manuel Contreras,director de la DINA, y otros dos oficiales|19|.
El asesinato de Letelier produjo un escándalo que terminó por abrir las puertas que ocultaban lasoperaciones encubiertas en América Latina. Ahora los rumores se confirmaban parcialmente. Unode los primeros informes provino del agregado legal de Estados Unidos en Buenos Aires, el agenteespecial del FBI Robert Scherrer. Una semana después de la muerte de Letelier, Scherrer envió uncable al cuartel general del FBI dando nombre y describiendo la operación:
"El "Operativo Cóndor" es el nombre en clave para la recolección, intercambio y almacenamientode información secreta relativa a los denominados "izquierdistas", comunistas y marxistas, que seestableció recientemente entre los servicios de inteligencia en América del Sur, con el fin de eliminarlas actividades terroristas marxistas en la región. Además, "Operativo Cóndor" tiene previstasoperaciones conjuntas contra objetivos terroristas en los países miembros. Una tercera fase, y mássecreta, del "Operativo Cóndor" implica la formación de grupos especiales de los países miembros,que deberán viajar por cualquier parte del mundo hacia países no-miembros, para llevar a cabocastigos incluido el asesinato contra terroristas o simpatizantes de organizaciones terroristas de lospaíses miembros del "Operativo Cóndor". Por ejemplo, en el caso de que un terrorista osimpatizante de una organización terrorista de un país miembro del "Operativo Cóndor" seencontrara en un país europeo, se enviaría un grupo especial del "Operativo Cóndor" para localizary vigilar al objetivo. Cuando hubiera terminado la operación de localización y vigilancia, seenviaría un segundo grupo del "Operativo Cóndor" para llevar a cabo el castigo real contra elobjetivo. Los grupos especiales serían provistos de documentación falsa de los países miembros del"Operativo Cóndor"|20| .
De acuerdo con un informe reservado del Comité de Relaciones Externas del Senado, de 1979 ybasado en archivos de la CIA, "Esa operación en 'fase tres' fue planificada en 1974 a raíz delasesinato del Embajador boliviano en París, de un oficial chileno en Medio Oriente y de unagregado uruguayo en París. Por lo tanto, Cóndor planificó una operación destinada a asesinar a tresizquierdistas europeos bien conocidos, uno de los cuales era el notorio Carlos [el recientementecapturado Illich Ramírez Sánchez]. El plan fue desbaratado" después de que la CIA lo descubriera y"advirtiera a los Gobiernos de los países en los que probablemente tendrían lugar los asesinatos--Francia y Portugal--, que a su vez advirtieron a los posibles objetivos". El operativo fueaparentemente suspendido y se negó su existencia|21|.
Pero ninguno de estos datos salió a la luz hasta mucho después. Aunque cada vez eran más lostestimonios de una cooperación interfronteriza para el secuestro, tortura y asesinato de cientos depersonas, salvo por lo difundido a partir de las investigaciones del asesinato de Letelier, las pruebasde la existencia de Cóndor eran excepcionales|22|. Hacia finales de los años setenta, el Cono Sur seencontraba en lo más profundo de la represión y sólo un reducido grupo de activistas y periodistas seatrevía a hacer frente a los regímenes militares. Y, a medida que las dictaduras titubearon yfinalmente cayeron durante los años ochenta, los débiles gobiernos civiles que les sucedieron,sancionaron leyes de amnistía que pusieron en discusión toda investigación seria de esta AsesinatosS.A. Internacional|23|.
Estaba claro que se estaba desarrollando algún tipo de operación clandestina, principalmente por laacumulación de denuncias de familiares de las víctimas. Pero los testimonios se desvanecían en ellaberinto de los sistemas judiciales despreocupados de los derechos humanos. La impunidad era laregla inviolable del día. Durante los años siguientes, parecía que los operativos Cóndor nunca seenfrentarían a una investigación legal.
Documentación del Operativo Cóndor.
El descubrimiento de los archivos paraguayos cambió todo el panorama. Los archivos descubiertosofrecen en cantidad una esbozo documental de los orígenes, los propósitos y la organización delOperativo Cóndor.Durante 1975, a instancias de los chilenos, los servicios de inteligencia del Cono Sur codificaron lacooperación informal que ya existía. Los archivos contienen una carta del general Contreras de laDINA al general paraguayo Guanes Serrano, denominando "Primer Encuentro de Trabajo deInteligencia Nacional" a lo que se convertiría en Cóndor. Contreras ofrecía las instalaciones de laDINA como el cuartel general para "la centralización de la información sobre los antecedentes depersonas, organizaciones y otras actividades conectadas directa o indirectamente con la subversión.En líneas generales, sería algo similar a la Interpol instalada en París, pero dedicada a lasubversión", escribió|24|.
El encuentro convocado en la carta de Contreras tuvo lugar en el cuartel general de la DINA, enSantiago, en octubre de 1975. Los asistentes fueron los jefes de la inteligencia militar de Argentina,Brasil, Paraguay y Uruguay. Un mes más tarde, Contreras recibió a Guanes Serrano y al jefe de lapolicía paraguaya, Francisco Brites. En esa reunión, ellos implementaron el Operativo Cóndor,configurando "un banco de datos, un centro de información y talleres". Con el inofensivo término de"talleres" se aludía realmente a las sesiones de planificación de los grupos multilaterales de agentesencargados de vigilar, arrestar, encarcelar, torturar y "repatriar" a opositores de los diferentesregímenes|25|. Uno de los documentos más significativos que explica el método de operación deCóndor, detallaba un encuentro secreto en Asunción, en 1978. Con Guanes Serrano como anfitrióny la presencia de oficiales argentinos y paraguayos, el "Segundo Encuentro Bilateral deInteligencia" afinó los mecanismos para el intercambio de prisioneros e información secreta|26|. Guanes Serrano informó a Stroessner que "la primera fase era el intercambio de información sobreel enemigo [exiliados políticos]. La segunda fase correspondía a la investigación del objetivo y latercera fase a la detención [secuestro] y traslado del objetivo a su país de origen"|27| .
Guanes Serrano destacó que los intercambios de prisioneros tendrían lugar directamente entre losservicios de inteligencia y que los agregados militares de las embajadas actuarían como enlace.Otros documentos de los archivos confirman que los agregados militares de las embajadas de lospaíses implicados, eran realmente el conducto por el cual viajaban los informes de inteligencia|28|.
A finales de 1993, los investigadores encontraron una nota fechada en Chile en 1978. En estedocumento típico del trabajo cotidiano de Cóndor, "Cóndor Uno" advierte a "Cóndor Dos" para quelleve a cabo una "vigilancia de un encuentro de izquierdistas argentinos y paraguayos en laprovincia norteña de Salta, Argentina, en la frontera con Bolivia"|29| . "Cóndor Uno" no era otroque Contreras y "Cóndor Dos" era el nombre en clave de Guanes Serrano|30|.
Otros documentos solicitan la captura de chilenos, bolivianos, argentinos, paraguayos y brasileños einforman sobre otras figuras políticas latinoamericanas. Uno de estos casos fue la detención enParaguay del ciudadano chileno Jorge Fuentes Alarcón, posteriormente entregado por la policíaparaguaya a un oficial chileno en mayo de 1978|31|.
Uno de los documentos más perjudiciales incluye una entrada en un cuaderno de notas del jefe de laPolicía Técnica paraguaya, Antonio Campos Alum. Este cuaderno quedó abandonado cuandoCampos Alum dejó Paraguay tras ser acusado de haber torturado personalmente a prisioneros, ylista los nombres de oficiales de policía y militares argentinos, bolivianos, chilenos y uruguayos queparticiparon en la represión internacional|32|.
Tomado en su conjunto, loas archivos paraguayos aportan una prueba documental irrefutable de laexistencia del Operativo Cóndor. También pueden proporcionar una base para el enjuiciamiento dequienes cometieron crímenes, suponiendo la existencia de los políticos.
Gente de la misma calaña.
Los archivos paraguayos aportan una nueva y reveladora luz sobre la implicación de EstadosUnidos con los servicios represivos del Cono Sur, especialmente --pero no sólo-- el de Paraguay.Los paraguayos siempre han acusado a Estados Unidos de ayudar a la policía secreta de Stroessner.Un grupo de oficiales militares estadounidenses enviados bajo los auspicios de la AgenciaInternacional para el Desarrollo (USAID) fiscalizó la formación de la Policía Técnica. Los exprisioneros del régimen declararon varias veces que oficiales estadounidenses los habían interrogadoen Paraguay|33|. Basado en dichos informes, el historiador paraguayo Aníbal Miranda acusa a losEstados Unidos de haber ayudado en la represión, en 1959, de un movimiento guerrillero anti-Stroessner instalado en Argentina|34|.
Ahora han aparecido pruebas concretas sobre la cooperación y formación estadounidense con lapolicía secreta del dictador. Una carpeta de los archivos contiene correspondencia entre ministrosparaguayos y el coronel estadounidense Robert Thierry. Thierry sirvió como "asesor sobreadministración pública" de la AID (entonces la Administración de Cooperación Internacional) parael Ministerio del Interior y supervisó la formación de la Policía Técnica.
Una carta del Ministro de Relaciones Exteriores solicitaba que Thierry permaneciera durante dosaños más para asesora a la Policía Técnica|35|. En una de las respuestas de Thierry se mostraba larelación profesor-alumno:
Con respecto a la jefatura de Asuntos Técnicos, usted ha recibido la formación suficiente. Estoyseguro de que bajo la dirección de Antonio Campos Alum, esta pequeña pero poderosa organizacióncontinuará aportando el mismo servicio, altamente satisfactorio, que ha tenido desde su creación.Sugiero que continúe las conversaciones con el Director de la Misión de Operaciones de EstadosUnidos en Paraguay, con el fin de establecer algún programa similar sobre Seguridad Pública|36|.
Otros documentos demuestran que la Policía Técnica continuó siendo el principal vínculo entre losservicios de inteligencia estadounidenses y Paraguay|37|. Dicha cooperación continuó durante elperíodo del Operativo Cóndor. El hombre del FBI en el Cono Sur, el agente especial RobertScherrer, que vivía en Buenos Aires, trabajó de forma regular y directa con Campos Alum. En1974, informó a Campos Alum sobre un festival realizado en un teatro de México y listó losnombres de todos los asistentes latinoamericanos. El siguiente paso de la policía paraguaya fuedirigir las investigaciones sobre el movimiento cultural paraguayo|38|.
En otra carta escrita dos años más tarde, Scherrer solicitó a Campos Alum información sobre unRaúl Valentín Quintana porque, explicaba, el FBI creía que Quintana era un "agente cubano". Esassolicitudes de información tenían serias consecuencias en la gente inocente. "Ahora sabemos por quévarias familias con el apellido Quintana fueron perseguidas y encarceladas", destacó Martín Almada|39|.
También la CIA trabajó con los paraguayos. El entonces Director delegado, Vernon Walters, visitóel país a principios de 1976 para entrevistarse con el jefe de estado mayor de Stroessner, ConradoPappalardo, y otros altos oficiales|40|. Pocas semanas de después, Pappalardo le diría al Embajadorestadounidense, George Landau, que Walters había aprobado un intento frustrado por obtenerpasaportes falsos para dos agentes de la DINA chilena. Pappalardo dijo que estaba actuando bajoórdenes directas de Stroessner, que a su vez estaba haciendo un favor a Pinochet. Los chilenos,Armando Fernández Larios y Michael Townley, pensaban utilizar los pasaportes falsos para viajar aEstados Unidos como parte de su misión de asesinar a Orlando Letelier|41|.
Otro ejemplo de la cooperación de la CIA con Paraguay ocurrió al año siguiente. Una advertenciafirmada por Guanes Serrano y dirigida a las "naciones amigas", describe a un venezolano denombre Omar Rossel como un "terrorista". Guanes cita a la "CIA (USA)" como su fuente|42|.
Incluso después de que el Operativo Cóndor hubiera golpeado en Washington y que Estados Unidoshubiera supuestamente movilizado al FBI y a la CIA para resolver los asesinatos de Letelier yMoffitt, el director del FBI, Clarence Kelley, envió una aduladora carta, con el sello del FBI, aCampos Alum: "En estas Navidades, deseo hablar en nombre de todos mis colaboradores yagradecerle de todo corazón la cooperación que ustedes, con tanta buena voluntad, hanproporcionado al FBI. Deseándole lo mejor de las cosas, que merece con creces|43|."
Cabe recordar que Campos Alum se encuentra fugitivo, acusado de graves violaciones de losderechos humanos, crímenes que cometió antes, durante y después de esta época. El FBI, gracias alagente especial Scherrer, estaba al tanto de los crímenes de Campos Alum en la época en que seescribió esta carta.
El hecho de que Estados Unidos y Paraguay fueran aliados no impidió que la inteligencia militarparaguaya espiara a políticos estadounidenses que, en su opinión, interferían los asuntos internos deParaguay. Los archivos incluyen un informe enviado al jefe de detectives, Pastor Coronel, por uninformante desde Buenos Aires. El informante había asistido e informado sobre un encuentro enBuenos Aires entre el senador Edward Kennedy (diputado por Massachusetts) y representantes delAcuerdo Nacional, una coalición que agrupaba a los grupos opositores paraguayos|44|.
Estados Unidos, por supuesto, también estaba interesado en obtener información acerca de suspropios adversarios. Una carta del agregado legal en Buenos Aires, Calvin Clegg, solicitaba laayuda de Pastor Coronel sobre una organización "subversiva":
Adjunto un informe reservado, enviado por la oficina del FBI en Nueva York. El informe describela historia y antecedentes del Consejo Mundial para la Paz, una organización que sirve comoinstrumento político del Partido Comunista de la Unión Soviética. Le ruego que examine susarchivos buscando toda información relacionada con el Consejo Mundial para la Paz en su país queesté dirigido contra Estados Unidos o sus ciudadanos|45|.
En una entrevista reciente, el líder del partido opositor Liberal Radical Auténtico, Domingo Laino,recordó que durante una de sus muchas detenciones fue interrogado por Campos Alum, que sejactaba acerca de unas fotografías que lo mostraban con uniforme militar estadounidense|46|. Losalardes de Campos Alum tendrían, de hecho, cierta base. Los archivos incluyen el curriculum vitaede Campos Alum, que lista su formación especial sobre contrainsurgencia en bases militaresestadounidenses y la asistencia a cursos de la DEA acerca de legislación sobre las drogas|47|.
Una carpeta con la faja "Confidencial" contenía un manual de Fort Gulick (base militarestadounidense en la Zona del Canal de Panamá, anteriormente sede de la Escuela de las Américas)producido para la formación de las fuerzas armadas de Estados Unidos para "interrogadores comoreferencia para interrogatorios de campo" |48|. La misma carpeta, en un apartado titulado"instrucción en la Escuela de las Américas", contiene un manual que instruye a los "interrogadores"sobre cómo mantener vivas y con capacidad de respuesta a las víctimas de un shock eléctrico. Elmanual recomienda remojar los cuerpos y cabezas d ellas víctimas con agua de mar e incluye unboceto que muestra cómo debería llevarse a cabo este "tratamiento"|49| . Esta carpeta tambiénincluye una carta del entonces Embajador de Estados Unidos, Timothy Towell, en la que dainstrucciones a la policía paraguaya y adjunta otro manual para interrogatorios|50|.
Los paraguayos toman la iniciativa.
En mayo de 1993, el profesor Almada y otros parientes de los asesinados o "desaparecidos" enParaguay, enviaron una carta al presidente Clinton exigiendo una compensación por las víctimas dela represión en Paraguay. Ellos alegan que el régimen de Stroessner "fue asesorado por oficialesmilitares estadounidenses, que instruyeron a los principales torturadores, y que la persecución seincluyó dentro de la guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que produjo un genocidio enAmérica del Sur"|51|.Pero el Embajador de Estados Unidos, Jonathan Glassman, en respuesta a la carta, manifestó queEstados Unidos no tenía nada que ver con la represión en Paraguay. Meses más tarde, antes de quelas pruebas de los archivos comenzaran a divulgarse poco a poco, Glassman rechazó acusacionessimilares, que él atribuía a "acusaciones terroristas con el fin de justificar los ataques a oficialesestadounidenses fuera del país"|52|.
"Incluso habiendo dicho eso", dijeron los familiares, "la Embajada de Estados Unidos nunca podríahaber permanecido ignorante de lo que estaba sucediendo en el país y nosotros hemos vistodocumentos de funcionarios como Scherrer que conocían la existencia del Operativo Cóndor"|53|.
Actualmente, seis altos oficiales de la policía paraguaya y un general están prisión a causa de losarchivos|54|. Y Francisco de Vargas, miembro de la Comisión de Derechos Humanos delparlamento paraguayo, dijo que tenía testimonios orales que acusaban a 12 generales, al ex Ministrodel Interior, Sabino Montanaro, y a dos ex diputados, de ordenar el asesinato de cuatro prisionerospolíticos en 1976. Las víctimas fueron asesinadas tras haber estado en prisión durante dos años.
Mientras tanto, el avance de los juicios paraguayos se ha hecho agotadoramente lento. En el casoInzaurralde, ninguno de los oficiales extranjeros inculpados se ha preocupado por presentarse. Losintentos de obtener su extradición han sido infructuosos. Y los miembros de la familia deInzaurralde se han quejado en una carta abierta de los numerosos obstáculos que impiden el avancede la justicia.
¿Quién vigilará a los custodios?
Cuando AID ofreció 40 millones de dólares para microfilmar los archivos, Faustino Centurión, yotros diputados del ala disidente del Partido Colorado, declararon públicamente su desacuerdo. "Nopodemos aceptar que el Gobierno de Estados Unidos, que entrenó a la policía que persiguió aquienes lucharon por la democracia, ahora quiera ayudar con la microfilmación", dijo. A pesar delas protestas, AID está asesorando al Centro de Documentación en Paraguay.Ni se ha perdido la conciencia. Cuando, a finales de 1993, los periodistas volvieron a revisar losarchivos, se habían separado archivos y carpetas con temas militares, fuera del alcance de losperiodistas, porque los jueces consideraban que "era sólo un asunto de la policía". Las pruebasdocumentales más importantes acerca del Operativo Cóndor han comenzado a ponerse de lado conrapidez. También están en peligro los documentos que contienen la correspondencia entre losservicios de Estados Unidos y la dictadura paraguaya.
La Comisión de Derechos Humanos paraguaya continuará investigando en forma conjunta conorganizaciones semejantes de la región. Sus líderes dicen que Washington "debe realizar un actoresponsable y abrir sus propios archivos, de manera que sea posible reconstruir la tragedia de milesde víctimas en América Latina".
El jefe de estado mayor del ejército argentino y miembro de la Junta, general Roberto Viola,intentando evadir las preguntas acerca del reino del terror en el Cono Sur, dijo en 1979: "Están losmuertos, los heridos, los encarcelados y los que están ausentes para siempre. No pidan explicacionesdonde no las hay". Viola estaba equivocado. Existen las explicaciones, existen las personas que sonculpables y, gracias a los "Archivos del Horror", a algunas de ellas se les ha aplicado al menos unajusticia parcial.
Algunos datos cuantitativos sobre los archivos de la OperaciónCóndoren Paraguay
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